"Me he levantado de la cama, pero me ha costado más de lo habitual. ¿De sueño? Bien podría ser; más que probable, de hecho. No obstante, en seguida me he percatado de que esa no era la razón: el aire... pesaba más. La presión no era la de siempre, era como estar metido en una nube muy, muy densa. Pero, claro, esas cosas se aceptan sin más: un día te levantas y es así.
Pues qué bien, diría. Ahora resulta que tengo todo un eterno día por delante, pero no soy capaz ni de saber dónde me encuentro. Pero, ¡si no estoy en mi cuarto! Ya decía yo... Miro por la ventana.
Pues qué bien, diría. Ahora resulta que tengo todo un eterno día por delante, pero no soy capaz ni de saber dónde me encuentro. Pero, ¡si no estoy en mi cuarto! Ya decía yo... Miro por la ventana.
Ah, ah. Ahora lo entiendo. Lo había olvidado de nuevo, pero esa cortina de aire enrarecido me ha devuelto de golpe a la realidad. Pese al esfuerzo que tengo que hacer para moverme en este ambiente enrarecido, en verdad me noto más liviano. ¿Será posible?
Pues claro que lo es, lo que pasa... es que no termino de acostumbrarme. Es chocante, sobre todo para mí, que he pasado tantos años entre algodones, protegido de los peligros y sorpresas; verme ahora solo me da un aire de libertad que a veces me asfixia. Pero ¿no es lo que siempre había querido?
Pues claro que lo es, lo que pasa... es que no termino de acostumbrarme. Es chocante, sobre todo para mí, que he pasado tantos años entre algodones, protegido de los peligros y sorpresas; verme ahora solo me da un aire de libertad que a veces me asfixia. Pero ¿no es lo que siempre había querido?
La rutina, para no empezar con discordias, la de siempre. Todo sigue igual que ayer. El calor, infernal. La oscuridad casi completa también, aunque es verdad que los neones cumplen correctamente su función. Y eso no va a cambiar. No sé si quiero que cambie.
En el trabajo, aparte de los filtros de los nuevos aires acondicionados, que se estropean cada dos por tres, no hay historias nuevas. A veces vienen los de arriba y se ponen a gritar. Y cuando lo hacen me entra un sueño...
En el trabajo, aparte de los filtros de los nuevos aires acondicionados, que se estropean cada dos por tres, no hay historias nuevas. A veces vienen los de arriba y se ponen a gritar. Y cuando lo hacen me entra un sueño...
Un momento. He dicho: me entra un... ¿qué? ¿Qué ha sido eso? Una especie de escalofrío. Se me ha olvidado.
En fin, sigamos. Hoy me he comprado un nuevo oxigenador de aire ecológico, cuyas recargas llegan supuestamente de las plantas originales, lo cual no acabo de creerme; al menos, no con esos precios tan asequibles. Si las tienen que traer desde tan lejos resulta sumamente sospechoso...
Y por lo visto ha vuelto a subir la factura de la energía. ¡Demonios! Si hay de sobra. Si se obtiene fácilmente. ¿Por qué se aprovechan? Supongo que la inflación, como el egoísmo, son inherentes al ser humano.
Me despierto de la decimoquinta siesta del día, con pocas ganas de trabajar. Aun así aún me quedan ciento doce ciclos y más, aunque creo que voy a empezar a plantearme la posibilidad de intercalar algo de distracción para hacerlos más llevaderos. Esto se hace interminable.
Me despierto de la decimoquinta siesta del día, con pocas ganas de trabajar. Aun así aún me quedan ciento doce ciclos y más, aunque creo que voy a empezar a plantearme la posibilidad de intercalar algo de distracción para hacerlos más llevaderos. Esto se hace interminable.
Por la tarde decido ir a pasear un rato por el río. Baja bastante flojo, últimamente. ¿Será por eso que han subido los precios de la luz? Es probable, me digo; cuanta menos lava hay menos calor podrán obtener, y de ahí todos podemos llegar a la misma conclusión. Si al menos la bajaran cuando hay crecidas... Mejor dejemos de soñar.
Espera. ¿Qué he...? Ya no me acuerdo. Se me ha ido.
Bueno, continuemos por donde lo dejamos. Decía que si al menos cuando subiera la frecuencia y la cantidad de las erupciones y pudieran sacar más energía fueran consecuentes y ajustaran los precios... De todas formas, es quejarse de vicio. O eso me hacen creer. Algún día pienso que en general la gente tiene tal sobrecarga de información disponible a todas horas que no se percata de lo que le rodea.
Miro al cielo. Qué triste es no poder ver más allá del edificio más alto. Ni Luna (¿qué Luna podría ver?) ni estrellas, ni nada. Es, con diferencia, lo que menos me gusta de mi nueva vida. Y creo que es por eso que me han dicho alguna vez, con cierta curiosidad, que tengo tendencia a mirar hacia arriba, esperando ver algo ahí fuera...
Estos últimos días he cogido la cama con ganas. Siempre leo un poco antes de dormirme, pero últimamente no aguanto ni dos páginas, en seguida me vence el... el... ¿el qué?
Otra vez. Esa sensación. Algo no cuadra. He dicho algo que mi mente no acepta. No quiere. ¿Por qué?
La cama recuerda la forma de mi cuerpo cuando éste se reclina en ella de nuevo. Qué duros son los días en Venus, pienso, con los párpados ya cerrados."