miércoles, 12 de diciembre de 2012

Rimas ñoñas que me da vergüenza publicar en Tuiter

Por temer la soledad
muchos hombres han vivido
sin sentido consentido
la mayor falsa verdad.

Pero, amigo... nunca creas
al que, habiéndolo sufrido,
el amor da por perdido:
no existen mujeres feas.

Sí, amiga, estás a salvo;
por alto que esté el listón
siempre tendréis ocasión...
todos nos quedamos calvos.

Y de la vida has de aprender
que, aunque seas el más bobo,
solo no te vas a ver,
pues hay gente para todo.

De este modo, este ambigrama,
sin querer ser optimista
ríe del catastrofista
y deja claro el panorama.
(No me esperes en la cama.)

Se lo dedico al 12 de Diciembre de 2012, a las 12:12:12,
porque sí, porque me ha caído bien.

jueves, 25 de octubre de 2012

¿De qué tienes miedo?

Las vistas desde mi casa me abruman. No, no me refiero a las típicas vistas. Me refiero a las que sólo en determinados momentos de la noche, cuando las farolas se apagan y la Luna se esconde, se pueden disfrutar. Y no mirando hacia abajo, sino hacia arriba.

¿A quién no le sobrecoge tamaña inmensidad? Somos incapaces de hacernos una miserable idea de lo insignificantes que somos, hasta que levantamos la mirada más de lo que estamos acostumbrados y nos dejamos llevar por la oscuridad. A las personas en general nos asusta lo desconocido, lo inalcanzable, pero desde el privilegiado balcón que es nuestro planeta el Universo es absorbente. No me extraña en absoluto el afán por salir allí fuera que parecemos haber cultivado en nuestros genes, más bien me entristece que, cada vez más, la gente no se atreva o se haya olvidado de hacerse las preguntas que nos mantienen a flote, nos hacen mejorar y consiguen empujarnos hacia adelante.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Alguna vez te has muerto en un sueño?

"Me he levantado de la cama, pero me ha costado más de lo habitual. ¿De sueño? Bien podría ser; más que probable, de hecho. No obstante, en seguida me he percatado de que esa no era la razón: el aire... pesaba más. La presión no era la de siempre, era como estar metido en una nube muy, muy densa. Pero, claro, esas cosas se aceptan sin más: un día te levantas y es así.
Pues qué bien, diría. Ahora resulta que tengo todo un eterno día por delante, pero no soy capaz ni de saber dónde me encuentro. Pero, ¡si no estoy en mi cuarto! Ya decía yo... Miro por la ventana.
Ah, ah. Ahora lo entiendo. Lo había olvidado de nuevo, pero esa cortina de aire enrarecido me ha devuelto de golpe a la realidad. Pese al esfuerzo que tengo que hacer para moverme en este ambiente enrarecido, en verdad me noto más liviano. ¿Será posible?
Pues claro que lo es, lo que pasa... es que no termino de acostumbrarme. Es chocante, sobre todo para mí, que he pasado tantos años entre algodones, protegido de los peligros y sorpresas; verme ahora solo me da un aire de libertad que a veces me asfixia. Pero ¿no es lo que siempre había querido?

La rutina, para no empezar con discordias, la de siempre. Todo sigue igual que ayer. El calor, infernal. La oscuridad casi completa también, aunque es verdad que los neones cumplen correctamente su función. Y eso no va a cambiar. No sé si quiero que cambie.
En el trabajo, aparte de los filtros de los nuevos aires acondicionados, que se estropean cada dos por tres, no hay historias nuevas. A veces vienen los de arriba y se ponen a gritar. Y cuando lo hacen me entra un sueño...
Un momento. He dicho: me entra un... ¿qué? ¿Qué ha sido eso? Una especie de escalofrío. Se me ha olvidado.
En fin, sigamos. Hoy me he comprado un nuevo oxigenador de aire ecológico, cuyas recargas llegan supuestamente de las plantas originales, lo cual no acabo de creerme; al menos, no con esos precios tan asequibles. Si las tienen que traer desde tan lejos resulta sumamente sospechoso...
Y por lo visto ha vuelto a subir la factura de la energía. ¡Demonios! Si hay de sobra. Si se obtiene fácilmente. ¿Por qué se aprovechan? Supongo que la inflación, como el egoísmo, son inherentes al ser humano.

Me despierto de la decimoquinta siesta del día, con pocas ganas de trabajar. Aun así aún me quedan ciento doce ciclos y más, aunque creo que voy a empezar a plantearme la posibilidad de intercalar algo de distracción para hacerlos más llevaderos. Esto se hace interminable.

Por la tarde decido ir a pasear un rato por el río. Baja bastante flojo, últimamente. ¿Será por eso que han subido los precios de la luz? Es probable, me digo; cuanta menos lava hay menos calor podrán obtener, y de ahí todos podemos llegar a la misma conclusión. Si al menos la bajaran cuando hay crecidas... Mejor dejemos de soñar.
Espera. ¿Qué he...? Ya no me acuerdo. Se me ha ido.
Bueno, continuemos por donde lo dejamos. Decía que si al menos cuando subiera la frecuencia y la cantidad de las erupciones y pudieran sacar más energía fueran consecuentes y ajustaran los precios... De todas formas, es quejarse de vicio. O eso me hacen creer. Algún día pienso que en general la gente tiene tal sobrecarga de información disponible a todas horas que no se percata de lo que le rodea.

Miro al cielo. Qué triste es no poder ver más allá del edificio más alto. Ni Luna (¿qué Luna podría ver?) ni estrellas, ni nada. Es, con diferencia, lo que menos me gusta de mi nueva vida. Y creo que es por eso que me han dicho alguna vez, con cierta curiosidad, que tengo tendencia a mirar hacia arriba, esperando ver algo ahí fuera...

Estos últimos días he cogido la cama con ganas. Siempre leo un poco antes de dormirme, pero últimamente no aguanto ni dos páginas, en seguida me vence el... el... ¿el qué?
Otra vez. Esa sensación. Algo no cuadra. He dicho algo que mi mente no acepta. No quiere. ¿Por qué?
La cama recuerda la forma de mi cuerpo cuando éste se reclina en ella de nuevo. Qué duros son los días en Venus, pienso, con los párpados ya cerrados."

martes, 17 de enero de 2012

Divulgación científica en tiempos de crisis

"Estamos en plena crisis económica. Hay que recortar. ¿De dónde? Es momento de concentrar los escasos recursos en lo más necesario. ¿Es la divulgación científica algo necesario en tiempos de crisis? Si no lo es, olvidémosla por el momento y dejémosla para cuando vengan tiempos mejores.

En las últimas décadas la economía española ha estado basada en el turismo y la construcción. El motor de la construcción se ha parado. Con el turismo nos va bien. ¿Nos centramos solo en el turismo? Parece lógico pensar que habría que hacer algo más. Un tejido productivo competitivo parece la única opción... ¿Cómo conseguimos una industria competitiva? Producir más barato que países como China es poco menos que imposible. Si nuestros productos no pueden ser más baratos tendrán que ser mejores. La manera de conseguirlo es invirtiendo en investigación.

Hasta aquí, más o menos todo el mundo está de acuerdo y así lo manifiestan nuestros políticos y gestores en sus discursos. Pero la realidad es muy diferente. De momento no se ha hecho una apuesta clara y decidida por la investigación. Y nuestros políticos no la harán mientras no perciban que la sociedad la demanda claramente. Cerrar un centro de salud genera una gran alarma social. ¿Ocurre lo mismo cuando se cierra un centro de investigación?

«Si nuestros productos no pueden ser más baratos tendrán que ser mejores. La manera de conseguirlo es invirtiendo en investigación»

En nuestro centro de investigación, el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón, tenemos un programa de divulgación científica y organizamos visitas de diferentes colectivos para que conozcan nuestro trabajo. El otro día vino un grupo de personas con poca cultura científica y mucho sentido común. Les explicamos lo que hacíamos, para qué lo hacíamos y en qué nos gastábamos el dinero de todos. La respuesta fue alentadora.

No me cabe la menor duda de que muchas de las personas que nos visitaron verían con buenos ojos que se aumentaran los recursos dedicados a la investigación, aunque tuviesen algún kilómetro menos de autopista, por poner un ejemplo. En la investigación científica vieron futuro para sus hijos. Nos pidieron que desarrollásemos nuevas ideas, que las transfiriéramos al sector productivo para que así se generaran los puestos de trabajo necesarios para que sus hijos, perfectamente formados, no tuviesen que irse a Alemania. Los que trabajamos en ciencia sabemos que para poder hacer eso es necesario invertir en ciencia básica y en ciencia aplicada, donde nos falta todavía un largo camino por recorrer.

«Muchas personas apoyarían que se aumentasen los recursos para investigación, aunque tuviesen algún kilómetro menos de autopista»

En este profundo cambio social, la divulgación científica juega un papel fundamental, ayudando a que la sociedad demande de una manera clara a nuestros políticos que inviertan de verdad en I+D+i. También puede ayudar a que políticos y gestores que tienen claro que esta es una de las vías que tenemos para salir de la crisis tengan mejor prensa cuando decidan invertir más en innovación y menos en la comarcalización del territorio, por poner otro ejemplo. Por último, los investigadores tenemos la obligación de explicar en qué nos gastamos los recursos que se nos proporcionan y, lo que es más importante, qué resultados hemos obtenido. Y lo tenemos que hacer de una manera clara y sencilla. Eso se llama difusión y divulgación científicas.

Invirtamos en divulgación científica en tiempos de crisis. La sociedad demandará a nuestros gestores que inviertan más dinero en investigación y estos podrán explicar mejor su decisión. Se creará un tejido productivo más competitivo y saldremos de la crisis."

Agustín Camón Lasheras